Cuando escuchamos el sonido del Shofar, ¿qué es lo que realmente resuena en nuestros corazones? La tradición nos dice que el Shofar es un despertador espiritual. En el judaísmo liberal, entendemos que este despertar no es hacia un temor ciego a un juicio celestial, sino un despertar a nuestra propia responsabilidad. Es un llamado a examinar la brecha entre quienes somos hoy y quienes deseamos ser; entre el mundo tal como es y el mundo tal como debería ser.
Hoy entramos al año 5787. Miramos a nuestro alrededor y vemos un mundo complejo, a menudo fragmentado, sediento de compasión y de justicia. En estos Yamim Noraim, nuestra tradición nos invita a detener el tiempo, no para escapar de la realidad, sino para encontrar las fuerzas espirituales y morales necesarias para transformarla.
El concepto central de estos días es la Teshuvá, que solemos traducir como "arrepentimiento", pero cuyo significado raíz es lashuv "retorno". ¿A qué retornamos? Retornamos a nuestra esencia más pura, a los valores que a veces dejamos en el camino por la prisa o el egoísmo.
Desde la perspectiva reformista, la Teshuvá es un acto de profunda autonomía y honestidad intelectual. No creemos en un destino estático ni en un libro donde todo está rígidamente preescrito. El "Libro de la Vida" lo escribimos nosotros mismos con cada elección diaria. Nuestra teología nos enseña que Dios actúa en el mundo a través de nuestras manos. Por lo tanto, la Teshuvá no es un ruego pasivo de perdón; es un compromiso activo de cambio.
Pregúntémonos en este inicio de año:
¿Qué palabras pronuncié este año que construyeron muros en lugar de puentes?
¿En qué momentos elegí la indiferencia en lugar de la empatía?
Perdonarnos a nosotros mismos y pedir perdón a los demás requiere valentía. Es reconocer nuestra vulnerabilidad, sabiendo que el judaísmo no nos exige perfección, sino un esfuerzo constante por evolucionar.
Pero el judaísmo liberal nunca se queda solo en el ámbito de lo individual. Nuestra espiritualidad está intrínsecamente ligada a la ética social. No podemos alcanzar la paz interior si cerramos los ojos ante las injusticias de nuestra sociedad.
Nuestros profetas, cuyas voces resonarán con fuerza durante estos días festivos, no exigían sacrificios rituales vacíos; exigían justicia, alimentar al hambriento, romper las cadenas de la opresión y cuidar de la viuda y el huérfano (que hoy representan a los marginados y vulnerables de nuestro tiempo).
Este Rosh Hashaná debe ser un recordatorio de nuestro pacto con el Tikún Olam, la reparación del mundo. El cambio climático, la pobreza, la discriminación y la intolerancia no son problemas ajenos a nuestra vida sinagogal; son el núcleo de nuestro llamado religioso. Ser judíos liberales hoy significa aplicar las enseñanzas eternas de la Torá a los desafíos éticos contemporáneos. Significa alzar la voz por los derechos humanos, por la igualdad y por la dignidad de cada criatura, entendiendo que todos fuimos creados B'tzelem Elohim, a imagen y semejanza de lo Divino.
Una de las mayores bendiciones del movimiento reformista es nuestra visión de la comunidad. Hoy, al mirar este espacio, celebramos la diversidad que nos enriquece. Rosh Hashaná es el "cumpleaños del mundo", la creación de la humanidad entera, no solo del pueblo judío. Por eso, este es un momento para reafirmar nuestra identidad como una comunidad de puertas abiertas.
Damos la bienvenida con el corazón abierto a las familias interreligiosas que eligen criar a sus hijos en el amor a nuestras tradiciones; a las personas de todas las orientaciones sexuales e identidades de género; a quienes nacieron judíos y a quienes han elegido este camino con amor y convicción. Aquí nadie es un observador de segunda clase. Todos somos socios iguales en la preservación y renovación de nuestra herencia.
La tradición no es una pieza de museo que debemos adorar sin tocar; es un árbol de vida que necesita agua, aire y espacio para dar nuevos frutos. Al integrar la modernidad con la tradición, hacemos que el judaísmo siga siendo una fuerza viva, relevante y transformadora para nosotros y para las futuras generaciones.
Queridos amigos, el Shofar está a punto de sonar una vez más. Que sus notas rompan la apatía de nuestros corazones. Que nos inspire a sanar nuestras relaciones rotas, a comprometernos con la justicia y a abrazar nuestra herencia con orgullo, mente abierta y espíritu crítico.
Que en este año que comienza tengamos la fuerza para cambiar lo que deba ser cambiado, la resiliencia para enfrentar la incertidumbre y el amor mutuo para sostenernos en comunidad.
Que seamos inscritos y sellados en el Libro de la Vida, de la Salud, de la Paz y de la Justicia Social.
¡Shaná Tová Umetuká! Que tengan un año bueno y dulce.